La increíble Chaya Riojana

Todos los febreros, los riojanos celebran una nueva chaya, uno de los festejos más importantes de la provincia.

SENTIMIENTO PURO

"La chaya no se explica, la chaya se siente", me dijeron al arribar a La Rioja. Y la verdad no se equivocaron, porque la emoción vivida durante esa tarde fue y será inolvidable.

Habíamos planeado una jornada diferente, distinta. Si bien la chaya se celebraba el fin de semana largo de carnaval, intentamos improvisar una un miércoles. Lo de improvisada es una manera de decir, porque con el boca a boca, las redes sociales y el sonido de la música se acercaron muchas personas. Muchísimas en realidad. Fue difícil hacer una estimación aproximada, pero aseguraron 9.000 personas. Una locura. Una hermosa y distinta locura.

Fue una chaya barrial, a la antigua, como señala la historia. En la puerta de la casa de Sergio Galleguillo, en realidad en lo de su madre ya fallecida Mabel. Una mujer descendiente de pueblos originarios, nacida en Salta, en Campamento Vespucio. Una adelantada en su época en cuanto a la proyección de una fiesta hoy convocante de multitudes.

Facebook, twitter, mensajes de todo tipo sirvieron para atraer a turistas y locales a la hora indicada. Muchos, aquéllos no conocedores de la pasión chayera, vieron muy difícil la cita organizada por la televisión. Sin embargo, los riojanos optmistas no dejaron nunca de repetir "se llena, no se preocupen".

La magia del Gallo

Sergio Galleguillo tiene 46 años y es riojano de pura cepa. Pueden ofrecerle cualquier festival, participar del encuentro más soñado por un artista, sin embargo nada lo mueve en febrero de su querida provincia. Es uno de los infaltables animadores de la chaya riojana. Su pasión y convocatoria obligaron a los organizadores a mudar "su" chaya de lugar. Anteriormente se realizaba en el barrio Hospital, donde se ubica su casa, pero la asistencia de público demandó a trasladarla a 8 de diciembre al 1.000, ex predio de la Fiesta de la Chaya, en el Estadio del Centro.

No dejó nada librado al azar, quería que todo el país viera la música de su pueblo, de su gente y así fue. Una multitud, música, harina, albahaca, pintura en la cara y mucha música. Un fiestón.

Desde temprano sus familia y amigos se encargaron de una previa imperdible. Empanadas, pollo al disco y un buen "sodeado" (un poco de vino y soda hasta bien arriba del vaso). Claro que también se disfrutó de mucha y buena música.

Más tarde llegó el tiempo de subirse al gran escenario. Compartir esta locura con la gente, con su pueblo. Ser parte una vez más de los festejos y celebraciones. En definitiva cumplir un nuevo febrero, porque como dice el Gallo los riojanos no cumplen años, "cumplen febreros".

Fue maravilloso ver la aceptación del público ante su carisma, sus canciones y su presencia. Saltaron, cantaron y tiraron harina sin parar.

Los rostros pintados, blancos hasta en su cabellera, pero felices demostraron su agradecimiento con interminables aplausos.

Nadie se dio cuenta del calor. En ningún momento. No fue excusa la temperatura elevada del verano riojano.

Fue un día largo, muy largo. Cerca de las seis de la tarde comenzaron a retirarse los primeros aventureros, vaya a saber a qué hora los últimos. El escenario siguió repleto de músicos. Locales e invitados. No importó demasiado la idea era celebrar otra chaya inolvidable.

Pasaron las horas y me cuesta creer todavía lo vivido. Fue una fiesta, o mejor dicho, un fiestón para toda la familia. Madres, padres, hijos, nietos, abuelos, grandes, chicos. Con o sin plata. Todos son iguales. Por eso la pintura, por eso harina en todo el cuerpo

El Gallo y su gente regresaron a su casa para continuar con la misma pasión demostrada ante casi diez mil personas. Un fenómeno imperdible. Muy recomendable para todos sin importar la edad.

Volví como pude al hotel. Lleno de harina, pintura en la cara, dolorido de saltar, cantar y con los ojos ardidos, pero con el alma llena y el corazón todavía con el mismo ritmo que las cajas chayeras. De todas maneras, ¿quién me quita lo bailado? me llevo una de las demostraciones populares argentinas más maravillosas de este tiempo. Un recuerdo para los que ya no están y las historias pasadas. Las de ellos, las nuestras, en definitiva, las de todos. Gracias riojanos por una jornada inolvidable.

 

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Es muy difícil realmente explicar los sentimientos personales durante la chaya, cada uno lo vive a su manera, sin embargo podemos encontrar un denominador común para todos: la pasión.

En este breve video les mostramos el sentimiento del pueblo con las imágenes tomadas desde el escenario mientras tocaba y cantaba el Gallo Sergio Galleguillo.

 

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Visto 1823 veces Modificado por última vez en Lunes, 06 Abril 2015 11:52

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