Cena bajo las estrellas del Fin del Mundo

Una de las excursiones más atractivas que tiene el Fin del Mundo es ir a cenar en un refugio en el medio del Valle Mayor. Caminata en raquetas, trineos de perros o motos de nieve son el único medio de transporte.

Abrigarse bien

Fue lo primero que nos dijeron cuando estábamos por salir rumbo a la excursión. Nos buscaron en nuestro hotel y recorrimos en una camioneta los casi 12 km hasta llegar a Valle Mayor, un lugar inmenso, pero no con tanta nieve como en otros inviernos.

"¿Trineo de perros o raquetas de nieve?", nos preguntaron al llegar. Más allá de la elección, al ser un grupo grande nos tocó raquetas en la ida y trineos para la vuelta. Mejor, pensé, volvemos cansados y tranquilos.

Así estaba antes de salir. Gorro, guantes, medias térmicas y bastante abrigo debajo de mi campera. La temperatura era baja, pero no pasamos nada de frío.

Para caminar con las raquetas hay que hacer un movimiento especial, tipo pinguino. Con las piernas un poco abiertas para no chocarse. Parece difícil, pero no lo es.

Las raquetas van sujetadas a los tobillos con unas cintas, no aprietan para nada. Tienen una especie de clavos debajo que permiten afirmarse en el hielo o la nieve. Son muy seguras

Caminamos cerca de veinte minutos entre la nieve. En ese momento la luna estaba tapada por las nubes, pero se movían bastante. Para nada complicada la caminata, súper accesible para todos. Las personas mayores o con dificultad van en las motos de nieve. Así que no hay excusas para decir que no.

A cada grupo les dan faroles para caminar todos juntos y poder observar el recorrido. Les dejo un video de cómo se vivía el momento (Escuchen bien el ruido de las raquetas al caminar). Un silencio importante en el medio de la nieve

Fue muy entretenido el paseo, más imaginando historias ahí en ese lugar oscuro. Vale la pena hacerlo, porque se descubre algo nuevo totalmente diferente.

El refugio y la cena

A medida que avanzamos, la luz tenue que se veía a la distancia se fue haciendo mayor. Nos dimos cuenta que la luz era fuego. Al acercarnos vimos cómo, entre los árboles, estaba el refugio preparado para nuestra llegada. Un lugar de madera, al estilo carpa de pueblos originiarios, pero sin techo. Muy bueno. En su interior, un fuegazo que parecía nos llamaba a gritos para recuperar nuestra temperatura, nos aguardaban los guías. Estaba todo perfectamente organizado.

Hacía frío, pero les juro no se sentía. La hoguera del interior era tan fuerte que se sentía desde afuera.

Muchos troncos la resguardaban en sus paredes y, como se ve en la foto, el techo abierto.

Éramos muchos en la excursión, pero entramos perfecto. Todos sentados en una especie de círculo alrededor del fuego. Unas llamas que nos sirvieron para abrigarnos y también para cocinar delicias.

Primero nos ofrecieron un vino caliente, rico, pero fuerte. "Ideal para el frío", gritaron algunos.

El enorme fogón tenía a su alrededor un montón de variada comida que se terminaba de cocinar. Una maravilla. 

Nos sirvieron primero unos pinchos con pollo, carne de vaca, cerdo, vegetales todo muy sabroso. Las enormes lengas le dieron un sabor especial a la comida. Con vinos y gaseosas llegó el momento del plato principal: un guiso de lentejas inolvidable. Calentito, variado y rico por sobre todas las cosas.

Fue un instante bastante especial. Me detuve a mirar a la gente y vi como, grandes chicos o algunas familias compartían ese momento tan diferente. Al aire libre, con una temperatura de cero grado y junto a un fogón nos sentimos realmente muy cómodos.

Momento musical

Después del postre, no pude probarlo porque estuve haciendo fotos y tomando imágenes, pero dicen fue espectacular, llegó uno de los momentos más entretenidos. Vimos en el camino como uno de los guías llevaba una guitarra enfundada, sin embargo nadie se imaginó un show en ese lugar. Estuvo muy bueno, entretenido y participativo que nos hizo cantar a todos. 

Durante ese momento creo que la gente se sintió más a gusto y cómoda que en ningún otro de la excursión . Se los vio a todos divertirse y reirse con las canciones.

Felices, un poco cansados por el trajín diario, llegó el turno de regresar. Los que llegamos con las raquetas nos tocó volver en trineo tirado por perros. Otra experiencia maravillosa e inolvidable. Tuvimos la suerte que para ese momento se despejó el cielo y la luna brillaba muy fuerte. No estaba llena, pero una linda luna

Ya era casi la medianoche cuando regresamos, pero valió la pena descubrir una nueva atracción en Ushuaia. Un recorrido que es para todos en el #FindelMundo.

Info

Para más datos consultar Nieve y Fuego

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